Últimamente se escucha “Le falta un asesor de imagen” cuando se refieren a políticos o artistas. Esa frase aparece lastimosamente cuando aquella autoridad o personalidad falló en algo referente a su outfit.

Hay un auge de asesores de imagen en la región, pero debemos comprender cuál es la función y qué atributos posee.

Un asesor de imagen no es un asesor de moda ni una persona con buen gusto. Si bien es cierto que hay personas que tienen habilidad a la hora combinar texturas y colores, pero no es suficiente para llamarse asesor de imagen. Antes de desarrollar un buen gusto, se debe conocer las reglas de la ilusión óptica, identificar la morfología (refiriendo por la forma del cuerpo y no por la medida), realizar el test de estilo mediante preguntas, reconocer la colorimetría ayudado por un kit de telas de varios colores y saber más que nada y de forma objetiva, cuál es la imagen que su cliente quiere enviar.

El asesor de debe ser una persona con habilidades sociales que le permitan contactar, tener escucha activa para dilucidar la necesidad que tiene la persona. De ninguna manera debe imponer u obligar a tomar un estilo que no es natural o transformar a su cliente en su calco. El asesor es un coach que guía desde una “imagen actual” a la “imagen objetivo” en cierto tiempo.

La ubicación en el ”tiempo-lugar-morfología-edad-función” es una fórmula calibrada que da como resultado la imagen ideal.

Por lo tanto la crítica de una persona especializada en el tema debe ir acompañada de criterios, valores, y una devolución legible para el cliente. El asesor está presente para sumar.